Después del lleno de la primera jornada, el Espacio Expo dejó nuevas imágenes para el recuerdo: Guitarricadelafuente adueñándose del escenario grande, Veintiuno firmando uno de los conciertos de la tarde y con el anfiteatro hasta la bandera, con su aforo completo durante muchos momentos del festival.
Buena Vista All Stars, los valientes de la tarde
Multipla abrió Escena VL con un guiño al legado aragonés: una versión de «El hombre bombilla», de El Niño Gusano, antes de pasar a su propia «Olvido». Fue el inicio de otra tarde exigente por el calor, especialmente para quienes tenían que salir a tocar con el sol todavía encima.
Entre esos valientes estuvieron Buena Vista All Stars. Les tocó abrir el Caja Rural y lo hicieron con un concierto que gustó mucho. El son cubano y «Bemba colorá» pusieron el baile en marcha cuando aún quedaba casi toda la jornada por delante.
Biznaga abrió después el Ambar con «El entusiasmo» y «La gran renuncia» entre las canciones de un concierto de marcado contenido social. A la misma hora, El Verbo Odiado llevó a Escena VL su rock oscuro y la intensidad de los amplificadores.
Veintiuno encontró su sitio en el anfiteatro
Con Veintiuno, el Caja Rural volvió a dar motivos para quedarse. La banda toledana firmó uno de los grandes conciertos del sábado, una actuación que reforzó tanto al grupo como al espacio que lo acogió. «Irremediable» y «Estarás» formaron parte de un recorrido que encontró en «Dopamina» y «La vida moderna» dos de sus momentos finales.
La propia banda lo resumió al definir el anfiteatro como el sitio más bonito en el que había tocado este año. Viendo el resultado, costaba discutirles la elección.
En Escena VL, Hermanos Martínez aportó frescura y un pop que podía recordar por momentos al grupo Taburete. Esa familiaridad jugó a su favor: una propuesta cercana, fácil de disfrutar y con personalidad suficiente para dejar una buena impresión en una tarde con mucha competencia.
Guitarricadelafuente se comió el escenario grande
Guitarricadelafuente fue uno de los sí del festival. El escenario Ambar le sentó muy bien desde «Full time papi». Su concierto tuvo presencia, ambición y una conexión con Zaragoza que le dio un significado especial. Se comió el escenario grande y salió de él con más argumentos para ocupar ese lugar.
La emoción atravesó «Futuros amantes» y volvió a aparecer con «Agua y mezcal». Entre ambas, el concierto dejó espacio para el piano, los cambios de intensidad y una puesta en escena que amplió su lenguaje sin borrar la cercanía de sus canciones.
El final tuvo además un momento de recuerdo: se proyectó un vídeo dedicado a los bomberos y a la memoria de los fallecidos.
Ojete Calor llenó el anfiteatro
Ojete Calor completó el aforo del anfiteatro complicando en algunos momentos puntuales la entrada de más público al recinto. Dentro, «Extremismo mal» y «Le di un morreo» acompañaron el despliegue de humor y baile del dúo. El contraste con Guitarricadelafuente retrataba bien el sábado: en muy poco tiempo, el festival podía pasar de un concierto profundamente emotivo a una celebración abiertamente disparatada.
Aquello reforzó la sensación de que el escenario Caja Rural podría haber ejercido perfectamente como escenario principal este año.
Mientras tanto, Esteman y Daniela Spalla compartían Escena VL. La alternancia entre ambos y el baile de «Noche sensorial» ofrecían otro recorrido por la noche.
De Siloé y Ultraligera a La M.O.D.A. y La Plazuela
Siloé se adueñó del escenario principal con «Amor infinito» y «Que merezca la pena» entre sus canciones. Más tarde llegó el turno de Ultraligera en el Caja Rural, prolongando el protagonismo de un escenario por el que habían pasado propuestas tan distintas como el son cubano, el pop de Veintiuno y el humor de Ojete Calor.
En Escena VL, los mexicanos División Minúscula encontraron seguidores que acompañaron sus canciones de principio a fin. Begut sumó otra voz aragonesa a la noche antes del tramo de madrugada, manteniendo en el recorrido un espacio para los artistas de casa.
La M.O.D.A. fue el climax del escenario principal con su mezcla de rock y raíz, con «Héroes del sábado» formando parte del último tramo del festival. La Plazuela recogió el relevo en el anfiteatro con «Péiname Juana», mientras la cumbia de Sonido Gallo Negro y la sesión de Rialto completaban las últimas horas de Escena VL.
El balance del Vive Latino: dos días y mucho que recordar
El viernes había dejado la asistencia masiva desde primera hora y conciertos como los de Amaia, Julieta Venegas, M-Clan, Loquillo o Rigoberta Bandini. El sábado añadió el salto de Guitarricadelafuente sobre el escenario grande, el acierto de Veintiuno, la frescura de Hermanos Martínez y unos Buena Vista All Stars que merecían un concierto con menos calor.
Visto el fin de semana completo, el anfiteatro apareció como uno de sus grandes protagonistas. Allí convivieron M-Clan y Rigoberta el viernes con Veintiuno, Ojete Calor o Ultraligera el sábado. Los conciertos que albergó durante ambos días explicaron ese protagonismo.
La edición dejó además un detalle curioso: muchos artistas lucieron un cachirulo con las letras de Vive Latino. El pañuelo llevó a los escenarios uno de los símbolos más reconocibles de Zaragoza y añadió un guiño local a las actuaciones.
El cierre dejó también una perspectiva más concreta para el futuro: la organización ya trabajaba en la sexta edición. Nacho Royo adelantó antes de este fin de semana que había artistas prácticamente cerrados para 2027. El Vive Latino terminó así su primer ciclo de cinco ediciones con la siguiente en preparación.
Tras dos días de música, quedaron conciertos para recordar en las fotografías. Pero, sobre todo, se mantuvo la sensación que arrancó el viernes y sostuvo el sábado: Zaragoza tenía ganas de Vive Latino, y esta edición le dio razones para continuar.



